sábado 11 de julio de 2020 - Edición Nº2967

CULTURA/MEDIOS | 20 jun 2020

HISTORIA DE LA LITERATURA POLICIAL

Las aventuras de Sherlock Holmes en la Argentina

Aunque la mayoría de los lectores contemporáneos no lo saben y probablemente el creador del personaje, Arthur Conan Doyle, no llegó a enterarse, el célebre detective británico estuvo en nuestras tierras, resolvió casos policiales e inclusive llegó a participar en la política criolla.


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La Plata, 20 Jun (InfoGEI).- El lector se preguntará cómo puede ser que un personaje ficticio hiciera esas cosas a espaldas de su creador. La respuesta a ese interrogante se encuentra en las páginas de algunas antiguas publicaciones argentinas.       

Entre fines del siglo XIX e inicios del  XX, como consecuencia de las políticas de educación pública, el hábito de la lectura dejó de ser patrimonio exclusivo de los sectores privilegiados y se difundió entre las clases populares. A causa de este fenómeno, en las primeras décadas del siglo XX, aparecieron revistas literarias que tenían tiradas masivas y se distribuían en los kioscos. Se leían en las casas pero también en lugares públicos como los cafés y los tranvías. 

A la par de los lectores surgieron escritores que también, en muchos casos, provenían de sectores medios y populares y se ganaban la vida combinando el periodismo y la producción de piezas de ficción para estas revistas. Vale destacar que, en ese mismo período, los cuentos y las novelas de Sherlock Holmes despertaban el entusiasmo de millones de lectores en numerosos países, incluido el nuestro.

Sherlock Holmes en el Paraná

«Veinte días justos habían transcurrido desde aquella hermosa mañana en que se embarcó Sherlock Holmes en el vapor Olimpo, con rumbo al Paraguay, donde pensaba descansar un par de meses, cuando recibí su primera carta. 

“Mi querido Ranbet –me decía: ¿No tiene para usted ningún encanto un viajecito a Asunción? Me causaría un verdadero placer verle por aquí, y creo que a usted no le sentaría mal un poco de distracción. Venga y verá qué momentos tan agradables pasaremos juntos en esta pintoresca ciudad y sus preciosos alrededores.”»

Éste es el inicio de “El secreto del Pampero”, una narración de Julián J. Bernat, que comenzó a publicarse en noviembre de 1909 en el número 259 de “PBT”. El episodio,  que formaba parte de una sección llamada “Sherlock Holmes en Argentina”, abarcó 14 entregas unidas por el folletinesco “continuará”. 

La trama

Es una narración larga, bien construida, fiel a las características de los relatos originales de Conan Doyle. La trama se desarrolla en un  barco que remonta el Río de la Plata y el Paraná, desde Buenos Aires hasta Asunción. El lugar del doctor Watson lo ocupa un personaje local, John Ranbet, un periodista que, además de ser el narrador, se desempeña como asistente del célebre sabueso de manera similar al médico creado por Arthur Conan Doyle. Por otra parte, Ranbet, es un anagrama de Bernat, el apellido del autor. La traslación del detective inglés a nuestras tierras está muy lograda, el ámbito local y los personajes se integran con naturalidad en la trama. El humor está presente en el relato, dado que el autor, Julián J. Bernat, desarrolló una carrera destacada en ese campo.

Dos observaciones, en un párrafo se hace mención al primer episodio de la serie “Sherlock Holmes en Argentina”, llamado “El rapto de las Sabinas”, publicado antes en la misma revista. Además, sobre el final de la narración, anticipa la salida de un capítulo posterior, titulado “La audacia de Nelson White”, que efectivamente fue publicado a partir del número 274 de “PBT”, en febrero de 1910. El relato lleva el subtítulo “Memorias de John Ranbet”.

Digresión del autor

Aquí me voy a permitir una digresión autorreferencial. Esta nota, es fruto de una investigación acerca de la historia de la literatura policial argentina que estoy realizando para mi programa radial “El dulce veneno de la novela negra”. Aunque eran conocidas algunas publicaciones que ubicaban al popular detective en nuestras tierras, los textos que se citan en esta nota, hasta donde pude constatar, no han sido previamente encontrados  por los investigadores. 

Volviendo a “La audacia de Nelson White”, mientras escribía este artículo y corroboraba la información en las publicaciones, me encontré con una sorpresa. Hasta el momento, sólo había ubicado el primer capítulo de esta narración pero, al recorrer otros ejemplares digitalizados de PBT, encontré el resto de la serie, que abarcaba 27 entregas entre febrero de 1910 y julio de 1911. Al leerla, me di cuenta que no se trataba de un cuento ni de una narración breve sino de una novela estructurada en 24 capítulos. Para evaluar la importancia de este hallazgo, hay que tener en cuenta que, si bien en el siglo XIX en nuestro país se escribieron novelas policiales, los investigadores consideraban que, durante las primeras tres décadas del Siglo XX, sólo se habían publicado cuentos y narraciones breves de este género, hasta la aparición, en 1932, de “El enigma de la calle Arcos” de Sauli Lostal. Entonces, podemos afirmar que “La audacia de Nelson White” de Julián J. Bernat, es la primera novela policial argentina del siglo XX, ya que precede en 22 años a la obra de Lostal. 

El encuentro

Al inicio, “La audacia de Nelson White” describe el primer encuentro entre John Ranbet y el detective en un tren que parte de la estación Retiro. El narrador conversa con su compañero de asiento y descubre que es Sherlock Holmes y que éste es una persona real, no sólo un personaje de ficción. A partir de ese encuentro, Ranbet se incorpora como colaborador del detective en una riesgosa aventura. En el sexto capítulo, la historia retrocede unos meses en el tiempo para contar que Sherlock Holmes, agobiado por el exceso de trabajo, decide tomarse unas vacaciones y elige como destino la Argentina. “La audacia de Nelson White” es una narración ágil, con algunas características típicas de las novelas por entregas: mucha acción y suspenso. Por otra parte respeta rigurosamente los tópicos de las narraciones de Conan Doyle. 

Sherlock Holmes es revista

Las “Memorias de John Ranbet” pasaron, ese mismo año, a la revista “Sherlock Holmes”, un semanario especializado en periodismo policial, la llamada crónica roja, publicado entre 1911 y 1913. La serie se aporteñó, dejó de ser “Sherlock Holmes en la Argentina”  y fue rebautizada como “Sherlock Holmes en Buenos Aires”. A su vez, aunque era frecuente la autoría de Julián J. Bernat, otros escritores aportaron sus propios episodios. 

En uno de ellos, “El rastro sangriento”, publicado en septiembre de 1911 y firmado por Juan de León, un joven intenta demostrar sus habilidades de investigador, que considera comparables a las del célebre detective. Más allá del argumento, de tono paródico, surge un dato interesante. Una parte de este episodio transcurre en la Isla Maciel a orillas del Riachuelo, un curso de agua que los contemporáneos conocemos como contaminado  y hediondo. Llama la atención la descripción que el relato hace del lugar en esa época: “Más allá, el agua barrosa del Riachuelo, poblado de lanchas cargadas de olorosas frutas.” 

Más adelante, continúa:

“La muestra de uno de los mil negocios que allí hay, decía ‘Almacén, fiambrería e fonda de Garibaldi in Aspromonte’y más abajo ‘Piescado frito di Mar dil Plata e de la Isla Maciel’ (sic).”

 ¿Pescado frito de la Isla Maciel? Hoy resultaría inconcebible, su ingesta sería más peligrosa que un producto alimenticio elaborado junto a la planta nuclear de Chernobyl… Otros tiempos.

Otro autor que ubicó al investigador inglés en nuestras tierras, firmaba como Jack Lumen. El relato publicado en cinco entregas, se llamó “El método Dever contra el método Holmes” y apareció entre septiembre y noviembre de 1911. Allí, Alberto Dever, un joven periodista, comete una serie de crímenes sangrientos para demostrar que puede vencer a Sherlock Holmes. 

Curioso manuscrito

Pero tal vez la más llamativa entre las aventuras de Sherlock Holmes en estas tierras sea “Un curioso manuscrito” de R. Dupuy de Lome que fue publicada en dos entregas, en los números 67 y 69 de la revista Sherlock Holmes, en octubre de 1912. 

En la presentación, un ficticio editor dice que se trata de la traducción de un manuscrito que olvidaron unos viajeros ingleses en un hotel. El relato hace intervenir a Holmes y Watson en el esclarecimiento del asesinato del jefe de policía Ramón L. Falcón, por parte del anarquista Simón Radowitzky.  El cuento se inicia a la manera clásica de las narraciones de Conan Doyle. El detective recibe en su casa a  un enviado de la reina que le solicita que viaje en secreto a nuestro país. Allí, Holmes expone ante Watson una encendida defensa de los intereses británicos en Argentina:

“La República Argentina es un país en el que tiene puestas sus simpatías el Gobierno de S. M. B. Inmensamente rico y floreciente, ofrece un campo vastísimo a la explotación inglesa, y, por lo tanto, estamos todos los ingleses obligados a quererle y a velar por su tranquilidad a costa de prudentes y bien calculados sacrificios. Tienen allí el comercio, la industria y los capitales de la Gran Bretaña muy grandes intereses que cuidar, y es lógico, por lo tanto, que el Gobierno de S. M. B. trate de impedir, por cuantos medios estén a su alcance, que se altere el orden en aquel territorio, y uno de los medios consiste en mandarme a mí, para que, con mis especiales dotes de investigador policial, -así me lo ha dicho el Subsecretario del Foreign Office,- haga abortar el tremendo complot fraguado en Buenos Aires contra la vida de sus primeras autoridades”

Sería absurdo calificar a Sherlock Holmes de cipayo, por inglés y por ficticio. Sin embargo, el autor, real, pertenecía a una de las familias de la oligarquía criolla que naturalizaban el vínculo semicolonial que nuestro país mantenía con Gran Bretaña. Más allá de eso, el cuento está estructurado con habilidad y respeta los modos de narrar de Conan Doyle.

Por último, vale mencionar otro relato publicado en la misma revista, en su número 17, en octubre de 1911. El título es “El diamante azul”, presentado como “De la correspondencia íntima de Sherlock Holmes”. Se trata de una disparatada pieza paródica donde se entrelazan el detective inglés, Confucio y el entonces vicepresidente Victorino de la Plaza (Video).

Acerca del autor

Gabriel Wainstein, es periodista y guionista de cine y televisión. Como guionista ha ganado premios en los Festivales Internacionales de Cine de Guayaquil y Gualeguaychú. En la actualidad trabaja en Mestiza Radio donde, desde hace cinco temporadas, produce y conduce el programa “El dulce veneno de la novela negra“, dedicado a la literatura policial. En el marco de este programa está desarrollando una investigación sobre la historia de la literatura policial argentina. (InfoGEI)Jd

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