martes 02 de junio de 2020 - Edición Nº2928

CULTURA/MEDIOS | 29 mar 2020

INFODEMIA

Falsas noticias, el otro virus que también enferma

El empleo de noticias falsas en los medios de comunicación no es una novedad de este tiempo, aunque sí lo es últimamente, la forma en que se viralizan a través de las redes sociales las relacionadas con la pandemia que afecta a la humanidad. En esta columna, Marcelo Miró, Profesor de Comunicación de la UNNOBA, da algunas pautas para eludir las “fake news” y recuperar la confianza en la información.


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La Plata, 29 Mar (Por Marcelo Miró*/InfoGEI).- La secretaria de Acceso a la Salud en la Argentina, Carla Vizzotti, introdujo por primera vez y de manera oficial en una conversación con periodistas el concepto de infodemia, acuñado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para señalar una práctica que promueve miedo y entraña riesgos para la salud a partir del consumo de falsas noticias sobre la pandemia del coronavirus.

Es necesario reflexionar sobre los objetivos de desinformar, las razones por las cuales esa información circula con tanta fluidez y se viraliza tan o más rápido que el Covid-19 y finamente cuáles son las prácticas correctas para enfrentar la situación.

¿El negocio de desinformar?

“Estamos en guerra”, dicen los especialistas que nos preparan para afrontar una epidemia cuyos efectos y alcances aún desconocemos. Si prestamos atención a las noticias vamos a percibir que, lamentablemente, estamos en medio de varias guerras, una de ellas es la de la información o de la desinformación entre países, líderes mundiales e intereses comerciales que han plagado los medios de comunicación con noticias falsas y teorías conspirativas, lo que ha convertido a la desconfianza en nuestra nueva realidad.

Como la desinformación se ha viralizado con tanta velocidad, la OMS ya nos ha declarado víctimas de la “infodemia” en la que incluyen soluciones falsas, recetas caseras, pseudociencias y rumores con información fuera de contexto.

Lo primero que observamos es que es extremadamente variada la producción para la desinformación, lamentablemente validada por muchos líderes importantes y medios de comunicación que se hacen eco de interpretaciones conspirativas que buscan responsabilizar al otro sobre las consecuencias de la pandemia que estamos sufriendo. Para Trump es el “virus chino”, para los chinos fue un extranjero el que inició el contagio, la primera ministra de Alemania acusó a Trump de querer robar, a través de una compra agresiva, un laboratorio alemán con estudios muy avanzados sobre el virus, los líderes de la Unión Europea acusan a Rusia de promover desinformación, pánico y alarma entre la población; esto solo por mencionar las acusaciones y escándalos más relevantes que se fueron publicando.

Lo sintetiza muy bien la investigadora del Centro de investigaciones Internacionales de Barcelona (CIDOB), Carme Colomina, en su nota sobre “Coronavirus: información y desinformación” cuando escribe “¿Quién está mejor equipado para hacer frente a una pandemia: las democracias liberales o los regímenes autoritarios, en su capacidad de imponer medidas drásticas a su población? El relato sobre el coronavirus también tiene su dosis de geopolítica, de confrontación de modelos y de capacidades disruptivas”. (Ver nota, aquí)

Si a este panorama le sumamos el desconcierto y el estado de debate de la comunidad científica ante la velocidad del virus y las estrategias diferentes de los gobiernos sobre cómo enfrentar la situación, divididos por ahora entre quienes paralizan los países (cuarentena) para frenar la ola de contagios y quienes evitan frenar sus economías porque creen que puede ser mucha más catastrófica la situación, es natural que población, que está consumiendo información en tiempo real, acreciente su desconfianza y aumente la alarma social.

Las primeras víctimas de esta ola de desconfianza son la solidaridad entre las personas y países que deben cooperar para superar la situación, las instituciones que deben establecer las estrategias unificadas y la ciencia que busca y da las respuestas más adecuadas con la información existente.

¿Por qué se viralizan las falsa noticias?

La alarma social asusta, las personas se sienten vulnerables y pueden aumentar la presión y su disconformidad con los gobiernos. Esto explica no solo la puesta en marcha de grandes maquinarias de comunicación para correr el foco por parte de muchos Estados, sino también la desesperación de las personas por buscar información alternativa a la oficial que nos dé una explicación de la inminente amenaza y posibles soluciones.

Con este cóctel se potencia la infodemia, una práctica en la que todos quieren tener la última información, audios de supuestos médicos y testigos de los países que más están sufriendo, videos con soluciones, que van supliendo la falta de información oficial o las “lagunas” explicativas de la propia ciencia que, en muchos casos, va corriendo atrás de las consecuencias de la pandemia. Esta práctica puede provocar consecuencias muy graves en la salud de la población.

La velocidad de circulación de la mayoría de estos mensajes que se viralizan por las redes sociales nos da certezas que la ciencia todavía no puede darnos. Ya que la información oficial que recibimos no nos conforma, muchos se preguntan y con razón: ¿cómo en la época de la revolución científica y tecnológica no tenemos una solución para el coronavirus?

La investigadora y periodista, Natalia Aruguete, que estudia temas sobre formación de agendas y las relaciones entre las agendas pública, mediática y política, en una nota de Unidiversidades publicada por la agencia Télam explica con claridad por qué se viralizan estos mensajes: “Incluyen certezas que los científicos no pueden dar por lo dinámica de la epidemia”. “En el caso del Covid-19, los vacíos (informativos) en el conocimiento científico y las ciencias médicas, por caso, se completan con prejuicios: se emiten fechas, números y propuestas de tratamiento que generan un ‘confort cognitivo’. Las certezas siempre dan mayor tranquilidad que las vacilaciones. En este sentido, las noticias falsas se propagan, además, en la medida en que esa información es congruente con el contenido circulado en una determinada comunidad virtual”. (Ver nota, aquí)

Para Carme Colomina, que destaca la página creada por la OMS para mejorar la información oficial, señala que “sin embargo, no hay vacuna informativa capaz de superar, en estos momentos, la fuerza viral de la incertidumbre en la esfera pública digital donde las noticias falsas tienen un 70% más de posibilidades de ser retuiteadas que las verdaderas“. (Ver nota, aquí)

Necesitamos reestablecer la confianza en la información

Por eso es necesario recuperar las fuentes de información correcta y la confianza en la información oficial. La OMS nos advierte sobre los riesgos de confusión y desinformación que generan los mensajes falsos porque como escribe Carme Colomina en su nota: “la restauración de la salud pública pasará también por recomponer la salud informativa”.

Los que saben, los que han estudiado estos procesos en otras etapas de humanidad señalan permanentemente que la cooperación es la única salidaYuval Noah Harari, uno de los ensayistas más leídos de los últimos tiempos, expresa en una nota del diario El País de España, publicada el 21 de marzo, que “la gran ventaja de los humanos sobre los virus es la capacidad de intercambiar información. Un coronavirus de Corea y uno de España no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos, pero Corea puede enseñar a España valiosas lecciones”. (Ver nota, aquí)

Además Harari considera que “mientras los habitantes de la Edad Media nunca descubrieron lo que pasó con la peste negra, los científicos actuales solo tardaron dos semanas en identificar el nuevo coronavirus, secuenciar su genoma y desarrollar una prueba para identificar a los infectados” y agrega: “Un buen ejemplo es la erradicación de la viruela que en 1967 infectaba a 15 millones de personas y mataba a dos millones. En la década siguiente una campaña mundial de vacunación fue tan exitosa que en 1980 la OMS declaró que la viruela había sido erradicada”.

Es en este sentido que resaltábamos que la desconfianza entre las personas, los países y en las fuentes de información atentan contra la cooperación, la cual resulta el arma más eficaz que ha tenido la humanidad para progresar  y combatir enfermedades.

¿Cómo producir información correcta? ¿Dónde hallarla?

La página de Chequeado.com se dedica a verificar información y se presentan un conjunto de notas sobre cómo buscar la información correcta y chequear los rumores para disminuir la incertidumbre.

Uno de los primeros artículos, escrito por Victoria Kwan, Clarie Wardle y Madelyn Webb,  que es parte de una serie sobre la desinformación en la salud de First Draft,  desarrolla un conjunto de recomendaciones para los periodistas que tienen la responsabilidad de informar con consejos que van desde: evitar usar lenguaje sensacionalista, ser consciente de las imágenes a publicar, evitar especular o pedirle a los expertos que especulen sobre los peores escenarios posibles,  explicarles a los lectores los pasos específicos que pueden seguir, dirigir a los lectores a las fuentes oficiales, ser muy precavidos sobre los estudios consultados para escribir los artículos, consultar con más de un especialista, concentrarse en los hechos, en particular al escribir titulares y tuits, escribir contenidos fáciles de procesar, evitar el lenguaje ridículo o peyorativo, averiguar cuáles son las preguntas que se hacen los lectores sobre el Covid-19 y llenar los vacíos de datos con periodismo de servicio. (Ver nota, aquí)

También publica un trabajo de Laura Zommer: “Cuidarnos es también ¡no compartir! (o solo compartir información chequeada) en el que desarrolla detalladamente consejos para protegerse de la desinformación, recomendando siempre compartir información oficial del Ministerio de Salud o de la OMS,  tener cuidado con las falsas alertas y no seguir cadenas de “reenviados” si no está claro quién es el autor. (Ver nota, aquí)

La pandemia la vamos a superar con más verdad y cooperación 

Más verdad es usar mejor nuestros conocimientos científicos para enfrentar la enfermedad, para no repetir viejos errores que tantas vidas han costado a la humanidad. Por eso toda la información que difundimos debe estar basada en las evidencias publicadas por la OMS y de los protocolos que diseñó el Ministerio de Salud de la Nación. La desinformación y las falsedades enferman y matan, la humanidad tiene demasiadas pruebas para seguir tropezando con la misma piedra. (*) El autor de la nota es director de Comunicación Institucional de la Unnoba.(InfoGEI)Jd

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